Durante años, el discurso predominante en las relaciones comunitarias ha insistido en que la gestión social en minería debe basarse únicamente en relaciones de confianza y valor compartido a largo plazo. La realidad actual muestra que esa visión, aunque válida, es insuficiente. En las comunidades mineras, el intercambio inmediato sigue siendo no solo necesario, sino estratégico.
Hoy, las comunidades son actores complejos, más informados y con una capacidad creciente para organizarse y negociar. Sus prioridades son claras: resolver necesidades y requerimientos concretos, aquí y ahora. Las demandas se enmarcan en sus carencias históricas, desde una lógica de “derecho/deuda”, que pretende exigir a la empresa lo que consideran “justo” en función de su percepción de los “beneficios interminables” que genera la minería.
Este cambio se da, además, en un escenario político polarizado, donde la narrativa dominante retrata a la minería como fuente de conflicto y no como motor de desarrollo. La relación empresa–comunidad se ha convertido en una serie de negociaciones permanentes, que incrementa la presión y crea una necesidad urgente de replantear las relaciones comunitarias desde un enfoque realista y funcional para retomar la legitimidad.
La teoría de los Dos Motores
En RTM proponemos un modelo de gestión social más efectivo, basado en esta realidad: la teoría de los Dos Motores.
El primer motor, el Motor Inmediato, responde a la negociación de intercambio inherente a la relación empresa–comunidad. Su función es atender, de forma rápida y tangible, las demandas que surgen día a día: empleo, ingresos inmediatos, apoyo asistencial, infraestructura básica funcional, salud y respuesta en emergencias. Este motor es el que mantiene activa la licencia social para operar, evitando conflictos que pueden escalar por la falta de respuestas visibles y debe tener un presupuesto separado con manejo ágil, porque su naturaleza es responder a la coyuntura de manera permanente.
El segundo motor, el Motor Sostenible, se orienta al desarrollo de largo plazo: educación, formación técnica, cadenas productivas y fortalecimiento institucional. Estas acciones no generan un beneficio inmediato para el comunero promedio, que difícilmente verá en ellas un cambio tangible en el corto plazo, sin embargo, este motor es clave para el propósito corporativo, la reputación y el compromiso moral de la empresa de mejorar las condiciones de vida en las zonas donde opera. Del mismo modo, es la única respuesta para lograr el desarrollo sostenido de los pobladores y sus comunidades. También requiere un presupuesto propio, protegido de las expectativas cotidianas, y debe articularse con el rol irremplazable del Estado.
Una mirada distinta para gestionar mejor
El éxito de una gestión social efectiva está en entender y aceptar que ambos motores son igualmente necesarios, pero cumplen funciones distintas. El Motor Inmediato no sustituye el Motor Sostenible, ni viceversa. Separar objetivos, recursos y equipos para cada uno evita que la urgencia del día a día consuma los fondos y el tiempo destinados al desarrollo sostenible.
Más importante aún, hay que reconocer el intercambio de acciones y beneficios tangibles e inmediatos como parte legítima de la relación. Esto permite su planificación y administración de manera ordenada y coherente, en lugar de dejar que se convierta en una cadena de concesiones improvisadas bajo presión.
La teoría de los Dos Motores no es solo un modelo de gestión: es una invitación a cambiar el paradigma. Atender las expectativas a corto plazo, sin comprometer los programas sostenibles a largo plazo. Cada estrategia requiere su propio ritmo y enfoque para garantizar que avancen en paralelo, se refuercen mutuamente y mantengan una relación equilibrada y predecible.
