El Árbol que Une Andes y Amazonía

Sep 3, 2025 | Sostenibilidad

Tejer árboles en el paisaje es, quizás, la mejor forma de enraizar el desarrollo en las comunidades andinas y amazónicas. El árbol es la columna vertebral de la chacra y la vida en la Amazonía. En los últimos años, he ido sembrando nogal andino en diversas regiones del país. Aprendí a reconocer sus semillas, a […]

El Árbol que Une Andes y Amazonía

Sep 3, 2025 | Sostenibilidad

Tejer árboles en el paisaje es, quizás, la mejor forma de enraizar el desarrollo en las comunidades andinas y amazónicas. El árbol es la columna vertebral de la chacra y la vida en la Amazonía. En los últimos años, he ido sembrando nogal andino en diversas regiones del país. Aprendí a reconocer sus semillas, a […]

Tejer árboles en el paisaje es, quizás, la mejor forma de enraizar el desarrollo en las comunidades andinas y amazónicas.

El árbol es la columna vertebral de la chacra y la vida en la Amazonía.

En los últimos años, he ido sembrando nogal andino en diversas regiones del país. Aprendí a reconocer sus semillas, a germinarlas, a cuidarlas en vivero, a observar su crecimiento lento pero firme. Es un árbol que exige: buen suelo, buena agua, y sobre todo, paciencia. Pero también es generoso. 

El árbol que une Andes y Amazonía, desarrollo sostenible.

El Juglans neotropica, o nogal andino, es una especie nativa que tiene la virtud de integrar dos mundos. Por un lado, es propio de la Sierra, donde puede crecer hasta los 3,500 metros sobre el nivel del mar (msnm), soportando el frío y las pendientes. Pero también crece naturalmente en la selva alta, desde los 1,000 msnm, en regiones como Amazonas, San Martín, Huánuco o Cusco. Es decir, es un árbol que cruza geografías, une pisos ecológicos, y teje con sus raíces una continuidad entre Andes y Amazonía.

Eso es lo que más me atrae del nogal, su capacidad de ser símbolo de conexión, de articulación entre dos regiones. En esta ocasión, quiero hablar justamente de eso, de cómo este árbol puede convertirse en una respuesta compartida para desafíos que se parecen más de lo que creemos.

En quechua, se hace una distinción entre “mallki” que significa árbol plantado, cultivado con intención y “sacha”, el árbol que nace silvestre. Plantar un mallki es más que una práctica agrícola, es una afirmación de futuro. Y eso necesitamos hoy, árboles plantados con propósito. El nogal, además de su carga simbólica, tiene atributos tangibles. Su madera oscura y resistente es altamente valorada por los carpinteros, de hecho es la materia prima de los muebles de los Artesanos Don Bosco; su nuez rica en aceites y proteínas, tiene un mercado creciente. Y algo que pocos saben: las comunidades quechuas usaban sus hojas y corteza como tinte natural, logrando un marrón intenso que aún se ve en algunas prendas tradicionales.

Pero su valor no se agota allí. Cuando el nogal echa raíces, empieza a sanar el suelo. Sus hojas, ramas y raíces al morir se transforman en detritos, alimento para una red invisible de microorganismos que hacen del suelo un ecosistema vivo. Como todo árbol, captura carbono y produce oxígeno, pero además recicla nutrientes y retiene agua. En una Sierra donde el 90% del suelo está erosionado, y donde la pobreza muchas veces se gesta en tierras degradadas, cada nogal plantado es un gesto de regeneración.

Inspirados en experiencias como la de Porcón y su valioso modelo “Poncho Verde”, y la valiosa metodología Pachamama Raymi, venimos desarrollando una propuesta que busca adaptarse a otros contextos de la Sierra: el modelo “Pallay Poncho”, que, como los tejidos andinos, propone ordenar el paisaje con franjas diversas: árboles maderables, frutales, especies locales, áreas de conservación. El Pallay Poncho no solo siembra árboles, sino que teje territorio, mezcla producción con biodiversidad, y estructura el paisaje con inteligencia ancestral.

Y así como el nogal encuentra un rol en la Sierra, también reclama su espacio en la Amazonía, donde históricamente el árbol ha sido la columna vertebral de la chacra. En los sistemas agroforestales amazónicos, el árbol no es un accesorio, es el centro. Da sombra, alimento, madera, medicina, orientación. Sostiene la fertilidad del suelo y la memoria de la familia. Sin embargo, hoy esa columna se está quebrando. Miles de árboles son talados a diario para dar paso a cultivos extensivos que agotan el suelo en pocos años. En lugar de sembrar árboles, los estamos eliminando, perdiendo con ellos el soporte ecológico y económico de las comunidades amazónicas.

Por eso, el nogal es también una oportunidad para la Amazonía. Recuperar la lógica agroforestal —donde el árbol vuelve al centro de la chacra— es vital. El Juglans neotropica, como especie nativa, podría formar parte de esa transición, combinando rentabilidad con restauración. Allí donde se siembra un árbol útil, también se siembra futuro.

En un país con tanto suelo erosionado y tanto conocimiento olvidado, volver al árbol —con ciencia, con diseño y con intención— es quizás la mejor forma de crear riqueza regenerando el ambiente. Tejer árboles en el paisaje es, quizás, la mejor forma de enraizar el desarrollo en las comunidades andinas y amazónicas. 

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Larry Oruro
Líder de Sostenibilidad