Si usted cree que invertir en sostenibilidad social y ambiental es un gasto sin retorno, es probable que su empresa esté malgastando recursos en acciones dispersas y poco efectivas. También es posible que no haya comprendido plenamente el rol de su empresa en la sociedad, perdiendo oportunidades de negocio.
Errores comunes en la estrategia de sostenibilidad

Esto suele ocurrir por diversas razones:
- Un salto desesperado a la sostenibilidad impulsado por presiones externas.
- La ausencia de una estrategia de sostenibilidad explícita; pero sí acciones dispersas
- Un enfoque social y ambiental desconectado de la estrategia del negocio.
- Pérdida del racional u objetivo de los programas que aún se apoyan.
- Falta de métricas que permitan evaluar el impacto de la inversión social y ambiental en los resultados del negocio.
Estas deficiencias llevan a programas mal concebidos que convierten la inversión en un simple gasto. Algunos errores frecuentes incluyen:
- Desconocer a los “clientes”, “usuarios” o participantes, seguir viéndolos como «beneficiarios»
- Programas con costos ineficientes y alta carga administrativa.
- Falta de mecanismos de graduación de los participantes, perpetuando la dependencia.
- Iniciativas que, con el tiempo, se convierten en compromisos fijos o incluso en derechos adquiridos.
- Una proliferación de microprogramas dispersos que solo abordan los síntomas del problema, sin atacar sus causas.
Uno de los principales obstáculos en este proceso es la creencia errónea de que la rentabilidad y el impacto social son incompatibles. No se trata de elegir entre un modelo centrado en el accionista («show me the money») y otro enfocado exclusivamente en la sociedad («show the social and environmental value»). Ambas dimensiones son complementarias y deben integrarse estratégicamente.
Una empresa que no genera rentabilidad difícilmente podrá sostener iniciativas de impacto social; y, a la inversa, una compañía que no aporta valor a la sociedad verá comprometida su sostenibilidad a largo plazo.
La cuestión no es si invertir en sostenibilidad, sino cómo hacerlo de manera estratégica para maximizar los beneficios tanto para la empresa como para la sociedad en su conjunto. Dos modelos clave pueden guiar estas inversiones: el enfoque de valor compartido y la inversión de impacto.
El enfoque de valor compartido (Porter y Kramer) es la clave para combinar rentabilidad y sostenibilidad. No se trata de renunciar a la rentabilidad para generar impacto ni de sacrificar el impacto por la utilidad. Más bien, implica diseñar estrategias y procesos de negocio que aborden simultáneamente temas sociales y ambientales de manera alineada con la competitividad de la empresa.
La inversión con impacto (Kusisami Hornberger) es una búsqueda deliberada de generar impacto positivo en áreas sociales o ambientales específicos. Aunque ha sido diseñada para inversiones de capital, sus principios son aplicables a la inversión corporativa en sostenibilidad: Contribución demostrable de resultados, medición objetiva de resultados, contratos basados en resultados e incentivos de impacto social.
En RTM apoyamos diversas iniciativas que se sustentan en estos modelos:

- Pachamama Raymi: Implementa una potente metodología para generar riqueza junto a las comunidades más pobres.
- ProRural: Promueve un modelo educativo que, además de formación humana integral de adolescentes, fortalece la institucionalidad y el desarrollo del entorno.
- Acción Emprendedora: Ayuda a los emprendedores por necesidad a escalar sus negocios y generar impactos positivos
- Ollas Sostenibles: Impulsa proyectos para la alimentación sostenible en barrios en situación de pobreza
La sostenibilidad no es un gasto, es una inversión estratégica que, cuando se gestiona correctamente, genera valor para la empresa y la sociedad. La clave está en abandonar enfoques asistencialistas y adoptar estrategias que integren rentabilidad y responsabilidad social de manera efectiva.
¿Está listo para dar el siguiente paso?
