John Kotter nos dice que el primer gran requisito para lograr que el cambio suceda es tener un caso de negocio tan contundente que imprima un potente sentido de urgencia a toda la organización.
Cuando el cambio es inminente, todos se ven forzados a salir de su zona de confort. Unos por convicción y compromiso, otros por miedo y muchos por ir con la manada y no quedarse atrás.
Aquellos cambios traumáticos que derivan de nuevas regulaciones, cierre de mercados, transformación digital, desastres climáticos u otros cambios externos a la empresa y que modifican drásticamente las reglas de juego, son quizás, los más fáciles de implementar.
Sin embargo, cómo imprimir el mismo sentido de urgencia cuando el cambio es necesario e importante pero no urgente, los cuales suelen obedecer a virajes en la estrategia de negocio e intentos de innovación, y que muchas veces se perciben como algo deseable pero no indispensable para la sobrevivencia de la empresa.

Se trata [de] visibilizar qué puede suceder si no se cambia
En este contexto será mucho más fácil que las personas tiendan a tomar posiciones resistentes cuando les toque cambiar sus formas de trabajo haciendo el camino penoso y aumentando el riesgo a que el cambio no se concrete.
Para estos casos, Iris Reyna brinda algunas de las estrategias que ha utilizado, obteniendo resultados alentadores:
- Resalta una crisis: busca algún acontecimiento negativo que esté sucediendo para lograr captar la atención de todos y de esta manera mejorar las prácticas de la empresa.
- Muestra el peor escenario: muestra a toda la organización las cifras en rojo que se tendrían si no se actúa ya mismo. Así tendrás la capacidad de movilizar a la gente tanto como si el suceso fuera a darse al siguiente día.
- Consigue un mandato corporativo: si trabajas en una corporación, puedes tomar algún objetivo corporativo y convertirlo en el caballo de Troya para impulsar una serie de cambios necesarios.
- Audita: Ya sea que se trate de una auditoría contable financiera, una recertificación o una inspección laboral, nada moviliza más que saber que se nos viene una auditoría y que debemos poner la casa en orden.
No se trata de mentir sino de visibilizar qué puede suceder si no se cambia, pero de una manera muy visible y dramática para que el mensaje pueda hacerse paso por sobre las exigencias cotidianas.
